Revolución y Evolución

Fecha:22/11/11
Fuente:Blog de José Navarro
Artículo:Revolución y Evolución

Una de las causas del fracaso del socialismo real se encuentra en la ancestral creencia marxista según la cual la ley de oferta y demanda es un subproducto indeseable del capitalismo y que en consecuencia no regiría en una economía socialista libre de lacras como el mercado y la competencia.

La ley de oferta y demanda no fue inventada por los capitalistas. Ni siquiera fue inventada por el hombre. Es una ley natural presente en toda transacción efectuada entre seres vivos. En toda sociedad humana, el mercado actúa independientemente del sistema político o económico en que se desenvuelve.

En las sociedades capitalistas el mercado actúa ampliamente abarcando toda la gama de productos, servicios y relaciones sociales. En las socialistas actúa restringido a las relaciones sociales.

La competencia es tan necesaria en toda forma de organización social y económica para el mejoramiento de los productos y servicios como lo es la evolución para el mejoramiento de las especies.

Al anular el mercado y por lo tanto la competencia, el socialismo elimina la presión por el cambio; esto es, el mecanismo que en las especies genera su evolución. El resultado es una sociedad congelada en el tiempo como el celacanto; aquel fósil viviente que no sufrió presiones selectivas lo suficientemente fuertes como para generar un cambio evolutivo en su especie.

Las plantas ofrecen al mercado de la polinización sus alimentos, colores, texturas y aromas a insectos y pájaros que eligen la oferta más atractiva y las recompensan con el transporte del polen y las semillas.

Los árboles compiten en el mercado de la distribución ofreciendo frutos cuyas semillas, en retribución, son esparcidas por aves y peces.

Los machos de algunas especies de aves ofrecen al mercado del apareamiento nidos cuya solidez, ubicación y hasta decoración son cuidadosamente evaluados por las hembras. Los machos elegidos traspasan sus genes de buenos constructores a la próxima generación aumentando la probabilidad de supervivencia de su especie.

En el mercado del apareamiento los machos de nuestra especie tienden a seleccionar hembras cuyas características físicas les sugieren fuertemente salud y maternidad. Las hembras, por su parte, eligen prioritariamente buenos proveedores. Los individuos que poseen esas características tienen mayores probabilidades de legar sus genes a la progenie puesto que ellas contribuyen a su supervivencia.

Las mutaciones exitosas de las especies son aquellas que mejor responden a cambios del medio ambiente o que mejor satisfacen una demanda de la misma especie o de otras con las cuales interactúan ya sea de manera colaborativa o simbiótica. El mercado, en este contexto, constituye un mecanismo imprescindible para la evolución puesto que es en él donde se genera principalmente la presión por el cambio.

Los grandes agentes de cambio en las sociedades capitalistas son los innovadores(1) y su complemento infaltable, los emprendedores (2). Los primeros crean las “mutaciones”, los segundos las fijan en el ADN de la sociedad hasta que otros innovadores generan nuevas mutaciones ofreciendo productos o servicios aún más atractivos.

El avance tecnológico en nuestra sociedad cultural es equivalente a la evolución de los seres vivos en el sentido de que ambos responden mediante el cambio a las presiones de sus respectivos mercados y son capaces de generar nuevas demandas mediante nuevos productos y servicios.

Como vemos, la competencia y el mercado son en la naturaleza de los seres vivos leyes tan universales como lo es la ley de gravedad en el mundo de la física y pretender eliminarlos en aras de un igualitarismo utópico sería tan insensato como pintar todas las flores de gris u obligar a las aves a construir un nido estándar.

Si Marx hubiera observado el comportamiento de los seres vivos, como lo hizo Darwin, se hubiera dado cuenta que las motivaciones conductuales de la especie humana obedecen tal vez más a adaptaciones evolucionarias que a razones culturales y que en consecuencia están mucho más acendradas en la memoria de nuestra especie de lo que se podía pensar en su tiempo.

En efecto, se hubiera dado cuenta que la territorialidad, presente en todos los seres vivos, no es sino una forma primitiva de propiedad privada. Por ejemplo, que las señales olfativas utilizadas por los animales para marcar su territorio tienen el propósito de fijar los límites de sus propiedades. O que algunas plantas generan químicos que impiden el crecimiento cercano de otras. Y que las relaciones entre las diferentes especies y entre individuos de la misma especie no son sino formas de participación en diferentes mercados.

Las motivaciones de los jerarcas socialistas, grandes promotores de la solidaridad y el altruismo, no son en el fondo muy diferentes a las de los egoístas capitanes de empresas capitalistas. Viviendas y vehículos de lujo, viajes, poder, y finalmente, obedeciendo al ancestral instinto evolutivo, sexo.

Ambos, jerarcas socialistas y capitanes de empresa, son motivados por la adaptación evolucionaria que los impulsa a prosperar y traspasar sus genes a la próxima generación. Disfrazados bajo una construcción intelectual los primeros, de manera franca los segundos, ambos intentan llegar al mismo fin solo que por caminos diferentes.

A pesar de las evidencias, quienes aplaudieron alborozados a Darwin al creer que su teoría sobre el origen de las especies era la esperada comprobación científica del materialismo histórico, rechazan hoy cualquier invocación de Darwin que a su juicio justifique “el capitalismo salvaje” o “la ley del más fuerte”.

En los seres vivos las mutaciones que no contribuyen a un mejoramiento de la especie desaparecen de manera natural junto con los individuos. En nuestras sociedades se producen involuciones o cambios inconducentes. Verdaderos “saltos hacia atrás” que grupos ideologizados(1) intentan mantener inmutables cuando acceden al poder.

Nada más conservador que una revolución socialista. Terminan todas convertidas en monarquías. Y los ciudadanos en celacantos.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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