Steve Jobs, de marginado a visionario de Apple

Fecha: 26/08/2011
Autor: Glenn Chapman
Fuente: AFP

El cofundador de Apple, Steve Jobs, es una leyenda viviente de Silicon Valley, el hombre que dio al mundo no uno, sino cuatro productos que se convirtieron en íconos.

Jobs, el visionario detrás de la computadora Macintosh, el iPod, el iPhone y el iPad, renunció el miércoles, a los 56 años, como presidente ejecutivo de Apple después de permanecer durante siete meses de baja médica.

Nacido el 24 de febrero de 1955 en San Francisco de una madre soltera y adoptado por una pareja en la cercana Mountain View con apenas una semana de vida, Jobs creció entre los huertos que un día se convertirían en el centro teconlógico que en la actualidad constituye Silicon Valley.

Como estudiante de secundaria, asistía a conferencias en Hewlett-Packard en la cercana Palo Alto y trabajó durante un verano con Steve Wozniak, el ingeniero con el que años más tarde fundaría Apple.

Jobs dejó el Reed College de Portland, Oregon, tras un único semestre, pero continuó tomando clases, incluyendo una de caligrafía que ha citado como el motivo de que las computadoras Macintosh fueran diseñadas con múltiples tipografías.

Cuando tenía 20 años, realizó un viaje espiritual a India y regresó con la cabeza rapada y utilizando ropajes indios tradicionales.

Consiguió trabajo como técnico de los videojuegos Atari y asistió a un club de garage llamado “Homebrew Computer Club” (Club de Computadoras Caseras) con Wozniak, que, como Jobs, se había marginado de la escuela.

Jobs tenía 21 y Wozniak 26 cuando fundaron Apple Computer en el garage de la familia Jobs en 1976.

Mientras Microsoft vendía licencias de su software a fabricantes de computadoras con precios para las masas, Apple mantuvo su tecnología en privado y la ofrecía a gente deseosa de pagar por un diseño y un desempeño superior.

Bajo Jobs, la compañía introdujo sus primeras computadoras Apple y luego la Macintosh, que se volvió muy popular en los años 1980.

Las innovaciones de Apple incluyen el “mouse” para facilitar a los usuarios la activación de programas y la apertura de archivos.

Jobs fue elevado a un estatus de ídolo por los devotos de la Macintosh, mucho de los cuales se vieron a sí mismos en una especie de alianza rebelde contra el poderoso imperio de Microsoft, construido con su omnipresente sistema operativo Windows.

Jobs, que se convirtió en la cara más pública de Apple, pasó de sus días de célebre soltero, que incluyeron una relación con la cantante folk Joan Baez, a establecerse para hacer vida de familia en Palo Alto.

En 1991 se casó en una ceremonia presidida por un monje budista. Tiene tres hijos con su esposa y una hija con una mujer con la que tuvo una relación previa a su matrimonio.

Dejó Apple en 1985 tras una lucha de poder interna e inició la compañía NeXT Computer, especializada en terminales de trabajo sofisticadas para empresas.

En 1986 cofundó Pixar, que ha ganado varios prenios Oscar de la Academia de Cine, a partir de una ex unidad de gráficos por computadora de Lucasfilm que, según trascendidos, compró al titán de la industrica del cine George Lucas por 10 millones de dólares.

Se transformó en un creativo estudio que produjo películas tan taquilleras como “Toy Story” y “Buscando a Nemo“.

Apple se opacó tras la partida de Jobs, aunque se reconciliaron en 1996, cuando la compañía informática compró NeXT por 429 millones de dólares y Jobs ascendió una vez más a su trono.

Desde entonces, se ha fortalecido más y más, reformando la línea Macintosh, lanzando el reproductor de música digital iPod MP3 en 2001 y la tienda online de música iTunes en 2003.

Se sometió en 2004 a una operación de cáncer de páncreas, pero regresó tres años más tarde con el iPhone y su popular pantalla táctil.

Walt Disney Co. compró Pixar por 7.400 millones de dólares en 2006, otorgó a Jobs un lugar en su directorio y lo convirtió en el mayor accionista unitario del gigante del entretenimiento.

Jobs se fue nuevamente de licencia médica en enero de 2009, pero regresó al trabajo en junio de ese mismo año, tras someterse a un trasplante de hígado, con aspecto demacrado pero declarándose a sí mismo saludable.

En enero de 2010, develó su última creación, el iPad, que salió a la venta en abril y fijó los estándares para las tabletas de pantalla táctil.

Bajo su dirección, Apple hizo sus sistemas Macintosh más compatibles con los programas de para PC de Windows y aumentó su porción en un mercado largamente dominado por computadoras con software de Microsoft.

En mayo del año pasado superó a Microsoft como la mayor compañia tecnológica estadounidense en valor de mercado.

Conocido por sus camisetas negras con cuello alto, sus jeans y sus zapatos deportivos, Jobs es proclive a hacer comentarios con referencias musicales que involucran a sus favoritos, como The Beatles y Bob Dylan.

Al revelar en febrero pasado su último problema de salud (que no especificó), Jobs dijo que continuaría siendo el titular ejecutivo y estaría “involucrado en las grandes decisiones estratégicas para la compañía”.

“Amo mucho a Apple y espero regresar tan pronto como pueda”, afirmó entonces, consciente de que sus problemas de salud suelen inquietar a los inversores, que asocian la buena marcha de la compañía con su presencia.

“Siempre dije que, si llegaba el día en que no pudiera cumplir con mis deberes y las expectativas como director de Apple, sería el primero en hacerlo saber. Así que dimito como director general de Apple”, admitió el miércoles en una carta al consejo de administración en lo que parece su retiro definitivo.

Fuente: Agencia Reforma /Staff México DF
Fecha: 26/08/11
Artículo: Lo que no sabías de Steve Jobs

Aquí algunos datos poco conocidos del co fundador de Apple.

Creatividad en la familia

Steve Jobs es hermano biológico de la escritora Mona Simpson, una reconocida novelista contemporánea que también es profesora de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Antes que naciera, Steve Jobs fue dado en adopción por sus padres biológicos, y en febrero de 1955 Paul y Clara Jobs lo adoptaron en Mountain View, California. Sin embargo fue hasta 1987 cuando Mona Simpson conoció a su hermano biológico, cuando ambos eran ya adultos.

De raíces sirias

El padre biológico de Steve Jobs es un árabe-americano de nombre Abdul Fattah “John” Jandali, un musulmán nacido en Homs, Siria, y que emigró a los Estados Unidos a principios de la década de los 50.

Al estudiar en la Universidad de Wisconsin, Jandali conoció a Joanne Carole Sciebele, la madre biológica de Steve Jobs, quien lo procreó cuando ambos eran aún estudiantes. Sin embargo el padre de Sciebele era muy conservador y no aprobó que se casaran, por lo que decidieron darlo en adopción.

Rechaza ser padre de hija

Así como sus padres lo concibieron sin estar casados, Steve Jobs también tuvo una hija fuera del matrimonio a los 23 años, llamada Lisa, tras su relación con la pintora Chrisann Brennan. Rechazó su paternidad durante dos años alegando que era estéril e infértil, y que dada su condición no tenía la capacidad física para procrear un hijo. Después aceptó su paternidad, e incluso se comenta que la computadora Apple Lisa, lanzada en 1983, fue nombrada así en su honor.

Creador de computadoras… y juegos también

Otro de los créditos de Steve Jobs es el de haber desarrollado el prototipo del juego Breakout junto a su compañero Steve Wozniak, quien se dio a la tarea de crear un sistema que requiriera la menor cantidad posible de chips. El juego consistía en una barra deslizable en la parte inferior de la pantalla que rebotaba una pelota que debía destruir diferentes paredes hechas por bloques.

Mentiroso, mentiroso…

Sobre este mismo episodio, Steve Jobs, quien fue asignado al desarrollo de Breakout por el jefe del proyecto Al Alcorn mientras trabajaba en Atari, mintió a Wozniak sobre la paga por el trabajo, que sería de 750 dólares y que dividirían a la mitad tras realizar el trabajo.

Lo que no le dijo a Woz es que Atari pagaría 100 dólares extra por cada chip removido del sistema, lo que finalmente se tradujo en una paga total de 5 mil 750 dólares, mientras que Jobs solamente pagó los 375 dólares prometidos a Wozniak.

Carrera trunca

Además de ser líderes del mundo de la tecnología e internet, personalidades como Steve Wozniak, Bill Gates, Larry Ellison, Mark Zuckerberg, Michael Dell y Steve Jobs comparten una característica en común: Todos abandonaron su educación profesional. Jobs estudió en la universidad Reed college en Portland, Oregon, pero abandonó los estudios tan sólo un semestre después por problemas financieros.

Es budista Zen

Desde su viaje a la India a mediados de los 70 junto con su compañero de Reed College, Dan Kottke –quien después sería el primer empleado de Apple–, Steve Jobs se convirtió al budismo y profesa la escuela budista Zen. Incluso su matromonio en 1991 con Laurene Powell fue realizado por Kobun Chino Otogawa, un monje budista Zen.

‘Iluminado’ por LSD

“Estimado Sr. Jobs, he sabido por cuentas mediáticas que usted sintió que el LSD le ayudó creativamente en el desarrollo de computadoras Apple así como en su búsqueda espiritual personal”, le escribió en 2007 el científico alemán Albert Hoffman, quien descubrió los efectos halucinógenos de esta droga sintética, al saber que Jobs experimentó con drogas psicodélicas. “Estoy interesado en aprender la manera en la que el LSD fue útil para usted”.

Sólo pescado

Aunque se ha reportado que Steve Jobs es vegetariano, en realidad es pescetariano, es decir, que sólo come carne procedente de pescados y mariscos.

No a la filantropía

Tras su regreso a la compañía en 1997, Steve Jobs eliminó todos los programas de filantropía corporativa en Apple, alegando la necesidad de recortar gastos hasta que volviera la rentabilidad a la firma.

Fecha: 01/09/11
Autor: Alejandro Alaluf
Artículo: ¿Y quién es Tim Cook?

La semana pasada Steve Jobs anunció que dejaba la jefatura de Apple y causó revuelo. De paso, puso a su sucesor bajo el foco. Tim Cook, a sus 50 años, se ha transformado en el hombre a cargo de la empresa más importante del planeta. Al momento de aceptar su posición, Cook recibió una bonificación de un millón de acciones de la compañía, de aquí a una década, lo que se traduce en una ganancia de 383 millones de dólares. Sólo por estar ahí. Tampoco ha pasado inadvertido el dato de que, con esto, Cook se ha transformado en “el gay más poderoso del mundo”, como ya lo han etiquetado.

Dicen que el horario laboral del nuevo CEO (un entusiasta del acondicionamiento físico) puede comenzar a las 4:30 de la mañana. Su ascenso fue una directa recomendación de Jobs. Ahora, la pelota, o más bien la manzana, está en sus manos. La vara está alta. Muy, muy alta.

Fecha: 04/09/11
Autor: Tom Junod
Fuente: Reuters

La renuncia de Steve Jobs como CEO de Apple fue la última lección de un hombre que tuvo que aprender que la trascendencia de su empresa no pasaba por su control absoluto. Eso lo retrató y adelantó muy bien un largo perfil que la revista Esquire publicó en octubre de 2008. Una historia que explica su ADN personal y el sello de sus creaciones, donde el iPhone fue el punto de no retorno.

Un día, Steve Jobs va a morir.

Primero, se trata de un ser mortal. Segundo, las posibilidades en su contra no son sólo las inevitables que todos enfrentamos. Son clínicas. Hace siete años anunció, en un memo a sus empleados, que se había sometido a cirugías. Que la cirugía era para remover un tumor maligno. Que el tumor estaba en su páncreas. Y que la cirugía había sido exitosa.

Se esforzó para decir que el cáncer pancreático que tenía no era ese tipo de cáncer -el que te mata en aproximadamente seis meses-, sino que “una forma muy rara de cáncer pancreático… que representa algo así como el 1% de los casos en el mundo cada año, y que puede ser sanado con intervenciones quirúrgicas”. Incluso, en una situación de emergencia, Jobs estaba siendo Jobs. Estaba diciendo la verdad, simplificándola. Es cierto que su cáncer crece lentamente y que, en las palabras de un experto, puede ser dirigido con “intención curativa”. Pero también es cierto que después de las cirugías, el paciente promedio vive cerca de cinco años.

Sabiendo esto, es un tributo a su propio poder la forma en que la gente lo miró cuando subió al escenario, en junio de 2008, para dar su discurso en el Apple’s Worldwide Developers Conference y presentar las últimas mejoras, avances e innovaciones a la que su compañía nos tiene acostumbrados. Se veía largo y delgado. En cuanto terminó su discurso, uno de los desarrolladores en el público llamó a su esposa con su iPhone y le dijo: “Tal vez deberíamos vender nuestras acciones de Apple“.

Nadie debería haberse sorprendido. Steve Jobs, desde el principio, ha basado su demanda por la inmortalidad en el conocimiento de que no lo va a lograr. En el discurso de graduación que dio para los titulados de la Universidad de Stanford, un año después de operarse del cáncer, se diagnosticó a sí mismo como que estaba “bien ahora” y deseoso de vivir “un par de décadas más”. Al mismo tiempo, habló sobre la muerte como si se tratara de un nuevo producto de la Apple. Esa vez dijo que desde que tenía 17 años “me miraba en el espejo cada mañana y me preguntaba, si hoy fuera el último día de mi vida, ¿me gustaría hacer lo que estoy por hacer hoy?”.

Es cierto, la gente dice cosas como esa en todos los discursos de graduación. Pero no hay duda alguna de que él lo decía de verdad. Su conciencia de la mortalidad ha permeado no solamente a su vida, sino que a todos los productos de su compañía. “Es casi como si todos los productos fueran su propia apariencia”, dice Steve Wozniak, el tipo que armó la primera computadora Apple en el garaje de la casa donde Jobs creció en Cupertino, California.

En el verano de 1999, Steve Jobs introdujo dos cosas: la primera fue el iBook, que hizo para los computadores portátiles lo que el primer iMac había hecho para los computadores de escritorio un año antes. La segunda fue una versión perfeccionada y perdurable de sí mismo. En un momento en la historia norteamericana donde la Ley de Moore -la noción de que el poder de la computación aumenta exponencialmente, doblándose a sí misma, cada 18 meses- manejaba no sólo las expectativas tecnológicas, sino también las económicas, Jobs tuvo la arrogancia de pararse y decir que él tenía una mejor idea, porque tenía un mejor producto.

Como el iMac, el iBook estaba diseñado no sólo para ser un instrumento de utilidad, sino que un objeto de deseo. Para que fuera placentero mirarlo y usarlo. A partir de entonces, Jobs demostraría ser tan exitoso definiendo la innovación tecnológica en términos de diseño, que puso en duda cualquier tipo de tecnología que no fuera, digamos, hermosa.

En la conferencia de 1999 -después de ofrecer el iMac en cinco colores distintos en una época en que los computadores no tenían color del todo-, Apple estaba ofreciendo el iBook en alternativas como mandarina y arándano. Así que hacía juego que Jobs se pusiera su suéter negro de cuello alto, los jeans y las zapatillas New Balance. El tema es que nunca volvió a sacárselos. Dos años después, los usó para presentar el iPod. Seis años más tarde, para presentar el iPhone. La opción de privarse a sí mismo de colores terminó siendo definitiva. La línea de productos de Apple evolucionaría; y Jobs no, porque preferiría arrojarse como el mero conducto por el cual los productos Apple salían al mundo. Lo recuerda una persona que negoció con él: “¿Qué clase de persona tiene un clóset lleno con cien suéteres negros de cuello alto y cien pares de jeans? Te digo, el tipo es maníaco”.

Con ese empuje, Jobs ha cambiado tres industrias para siempre -la computación personal con la Apple II, la musical con el iPod y el iTunes y la cinematográfica con Pixar- y está en el límite de cambiar una cuarta, con el iPhone. Su legado es tan grande que llega a ser incierto. Jobs es el fantasma en la maquinaria Apple, y “sin él -dice un ingeniero-, Apple seguirá de alguna forma, pero será una compañía distinta”. Por eso es que el espectáculo de que Steve Jobs presentara el iPhone 3G en junio de 2008 era tan emocionante. Porque estaba haciendo una puja por su inmortalidad e influencia de la única forma en que sabía: sujetando un iPhone mejorado en la palma de su mano. Excepto que estaba claro, en este caso, de que había comenzado algo que probablemente no podría terminar. No sólo porque estaba enfermo. Sino que porque el iPhone estaba tan lleno de vida.

Steve Jobs es adoptado. Jobs es, de hecho, el sueño de cualquier padre adoptivo. No sólo porque se convirtió en billonario, sino porque siempre se refirió a sus padres adoptivos, los fallecidos Paul y Clara Jobs, como sus padres verdaderos. Al mismo tiempo, diremos, tiene los problemas de control de muchos niños adoptados. Quieren el control de las cosas casi tanto como desean amor.

Se han hecho comparaciones entre Jobs y su gran rival, Bill Gates, en base a la clase social (Gates creció siendo rico; Jobs, de clase media), creatividad (Gates se considera a sí mismo un geek computacional; Jobs, un poeta romántico), pero la diferencia más relevante es tan básica que se pasa por alto: Jobs es adoptado, Gates no. Jobs, después de todo, perdió la batalla por la primacía en computadores de escritorio hace muchos años contra Gates, y en eso nada tuvo que ver que haya crecido con menos plata o menos educación. Tenía que ver con su rechazo de entregar el control sobre sus creaciones y su compañía, mientras Gates estaba dispuesto -de forma bien rapaz- a compartir. Jobs es codicioso, cierto, aunque lo que codicia resulta inefable comparado con lo que Gates codicia. La codicia de Jobs es la codicia del niño abandonado en la sala de maternidad. La codicia de controlarlo todo. La adopción de Steve Jobs es lo que hace la tarea de definir a Steve Jobs tan complicada.

Si un creador tiene ADN creativo, ¿dónde consiguió Jobs el suyo? “Su padre era un buen padre técnico”, dice Wozniak. “Le gustaba mostrarle cómo funcionaban las cosas. Yo sé que Steve piensa que no lo valoró lo suficiente”. ¿Fue porque Paul Jobs era un maquinista que Steve Jobs se atrevió a soñar en términos de máquinas? ¿O es porque Steve Jobs es adoptado que siempre ha comparado la creación de sus máquinas con dar a luz? Ha estado en los nacimientos de sus cuatro hijos y es un hombre de familia celoso del tiempo que pasa con ellos.

Aunque Steve Jobs habría sido complicado incluso sin la adopción. Su ADN creativo sería complicado, porque su ADN biológico es complicado. Su hermana biológica es creativa. Ella nació después que él, de los mismos padres que, en sus palabras durante el discurso en Stanford, “me pusieron en adopción”. Eran estudiantes de posgrado. No estaban casados cuando el niño que terminó convirtiéndose en Steve Jobs nació. Pero después se casaron y tuvieron a una niña que se convirtió en Mona Simpson. Después el padre se fue y la madre crió a Mona en Green Bay, Wisconsin.

Mona no supo que tenía un hermano biológico hasta poco antes de publicar su primera novela, Anywhere but here. Se la dedicó, en parte, a su hermano Steve. Su tercera novela se llamó A regular guy. Se trata de un multimillonario emprendedor que, desde la primera página, lleva “esta incapacidad de ver la necesidad de atender los deseos y caprichos de otras personas” y que quiere que “la faz de la tierra se vea distinta después de su paso por ella”. En la novela, el nombre del tipo es Tom Owens y su negocio es la biotecnología. Pero también es inmisericorde en su visión de un hombre cuyas complicadas condiciones de nacimiento le han dejado complicadas ideas sobre los nacimientos. Un hombre que, como Steve Jobs, tiene a su primera hija fuera del matrimonio y duda antes de aceptarla como uno de los suyos porque está demasiado ocupado engendrando una tecnología indeleble. En efecto, publicado hace 15 años, A regular guy es aún la mejor iteración de Steve Jobs como una idea y como un hombre. Aunque no fue escrito por Jobs, sí fue escrito con parte de su ADN.

Esta es una historia de Steve Jobs. No una en particular, porque muchas veces las personas que cuentan historias sobre Steve Jobs no quieren que se escriba dónde y cuándo sucedieron, porque temen que pueda reconocerlos.

La historia es que Steve Jobs aparece en territorio hostil. Es inevitable, porque le atraen los focos de resistencia. Tal vez es una reunión con una compañía que no está de su lado, tal vez es un grupo de empleados de Apple que no se sienten queridos. Como sea, se para frente a ellos y explica su posición sobre por qué la compañía debería estar de su lado o por qué los empleados no merecen su cariño. No se demora mucho. Steve Jobs es igual de fiel a Steve Jobs cuando le está diciendo a un grupo de vendedores de Apple que son un “puñados de putos perdedores”, como cuando le está diciendo a un grupo de graduados de Stanford: “Su tiempo es limitado, así que no lo gasten viviendo la vida de alguien más”.

Su argumento no es tanto un triunfo de la lógica, sino del diseño de ésta. Jobs simplifica mientras avanza, y sus simplificaciones son convincentes. Al hueso y casi irrefutables. Pero siempre hay un tipo que se para y trata de decir que el asunto que se discute no es verdaderamente tan sencillo. Y Jobs lo destruye. En segundos. “Escuchen, yo sé quiénes son, yo sé lo que están pensando. Esta es la razón de por qué están equivocados. Ustedes lo saben, yo lo sé, así que no gastemos el tiempo”. Después de eso, todos se reúnen alrededor del tipo y lo consuelan. Pero no lo hacen porque piensan que tenía la razón, lo hacen porque piensan que Jobs la tenía. Ahora, nadie quiere ser ese tipo.

¿Pueden las simplificaciones épicas de Jobs esconder inconsistencias? ¿Cómo puede un budista, un estricto vegetariano, aplastar a tanta gente? “Para la mayoría, él quedará en la historia como el tipo que hizo que la tecnología fuera amigable para los usuarios -dice un ejecutivo-. Pero para la gente en el negocio, será recordado como el tipo que sólo hacía negocios donde él tenía todas las ventajas. Y que usó cada una de ellas. No es suficiente que él gane. Tú tienes que perder. Es completamente irrazonable”.

La pregunta sobre si un tipo como Steve Jobs puede ser un buen budista es una forma de preguntar si vive sus creencias. Y la respuesta es sí. Steve Jobs vive a la altura de la idea de Steve Jobs, y entiende completamente lo que el resto no. Esa es su ventaja. “Solía hablar siempre de los grandes personajes de la historia de una forma en que te hacía saber que él quería ser como ellos o que ya creía que era como ellos”, dice Wozniak.

El liderazgo de Jobs en Apple es lo que lo absuelve de sus contradicciones internas. ¿Qué hace ahí? De partida, trabaja. “Me dijo que de los últimos 40 días, pasó 20 veces de largo”, dice un socio que lo visitó poco después del lanzamiento del iPhone. “Me descolocó. Durante todo el camino a casa podía escuchar la voz de mi madre diciéndome: ‘Viste, por eso él es Steve Jobs y tú no’”.

Como todos los grandes déspotas, Jobs persigue su visión en términos binarios. Dice que sí. Dice que no. Para él, las cosas son grandiosas o son una mierda. Ahí es donde parte. “Al principio, Apple se enorgullecía de ser la compañía que sacaba las cosas primero que el resto”, dice otro ex empleado de Apple. “Pero ya no es así. Ahora el punto de partida son las cosas que convierten a una experiencia emocionante en una experiencia de mierda. Ahí es donde Steve Jobs es un genio. Ahí su crueldad aparece. Es cruel consigo mismo y con otra gente. También es cruel con la tecnología. Sabe exactamente qué es lo que funciona y qué es lo que apesta”.

Hay que decirlo: Steve Jobs no siempre gana. Perdió, por ejemplo, contra Bill Gates. Su afición por el control hizo que lo despidieran de Apple. Se fue a exilio. Experimentó el fracaso en su siguiente compañía, NeXT. Cuando regresó a Apple, la convirtió en una empresa que “respeta el fracaso. Porque si respetas el fracaso y aprendes a incorporar sus lecciones, nunca realmente pierdes”, dice otro ex trabajador de Apple. Así que el sistema operativo que Jobs estaba creando en NeXT se convirtió en la base del Mac OSX, “que honestamente es lo que salvó a Apple”, dice un ex trabajador de NeXT. Y el Mac OSX se convirtió en la plataforma del iPhone. En ese minuto, Jobs se encontró en el mismo lugar en el que estaba hacía más de 20 años: batallando por la primacía contra Bill Gates que parecía vender tecnología invisible en sus computadores, mientras Jobs la moldeaba, la esculpía y la guardaba en cajas hermosas.

Steve Jobs quería crear un aparato que hiciera que el mundo se moviera hacia adelante. Quería construir una realidad que no estaba ahí. Quería ser uno de los importantes. Fue de ese deseo de sorprenderse a sí mismo que creó el iPhone.

Entonces, sucedieron un par de cosas. Lo primero fue que la gente se dio cuenta de que el iPhone no era primariamente un celular. Era un computador. Uno poderoso, con un completo sistema operativo OSX que, además, podía hacer llamadas. Y como se trataba de un computador, podía ser hackeado. Y como podía ser hackeado, podía desbloquearse y ser liberado de las limitaciones y los negocios que Jobs había acordado con los operadores telefónicos.

Uno de los principales lugares donde estaba siendo desbloqueado era China y en países en vías de desarrollo, donde el iPhone ni siquiera se vendía oficialmente. Así, el más grande potencial del iPhone para extender la influencia de Jobs no estaba dentro de las tiendas Apple, sino fuera de sus canales de control.

Después de todo, el iPhone era una computadora. Pero no sólo eso, según explica un diseñador cercano a Kleiner Perkins, la firma que invirtió US$ 100 millones para incentivar el desarrollo de terceros de aplicaciones para Apple (luego de que Jobs anunciara, en marzo de 2008, que Apple renunciaba al control de las aplicaciones que pudieran crearse para el iPhone): “La historia del iPhone es la historia en la que Steve Jobs accede a descentralizar la innovación. Pero eso no era algo que quería hacer. La situación lo forzó a hacerlo”.

Lo que pasó más tarde, en la conferencia de desarrolladores en la que habló, en junio de 2008, fue que la gran noticia ya no era uno de sus productos. Ahora, era que Jobs se veía enfermo. Que más de 250.000 personas en todo el mundo estaban desarrollando aplicaciones y que eso significaba que el futuro del iPhone, como dice un desarrollador, “se encuentra en usos que ninguno de nosotros previó”. Ni siquiera Jobs.

Además, estaba ese detalle. Que el nuevo iPhone, el 3G, no sólo era más rápido. También, con su precio de US$ 199, era más barato. Y eso, en corto, significaba que el iPhone estaba refundándose en todo lo que Jobs no era: algo que se manejaba en términos utópicos y democráticos. En algo que no sólo los ricos podían tener. Después de que el mundo comprendiera eso, y dos años antes del lanzamiento del iPad, la gente empezó a preguntarse qué seguía ahora para Jobs. Bueno, está la “nube” o la posibilidad de almacenar toda nuestra información en algo digital e incorpóreo y crear un nuevo internet. Todos se preguntan cómo llegar hasta ahí.

El éter digital parecería tan desagradable para Jobs, como el cielo mismo. Pero aún así el retiro forzado lo llama y tendrá que contestar su llamado. Muchas opciones ya no le quedan. A estas alturas, Steve Jobs ya está a mitad de camino.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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