Humberto Giannini, el rescate de la calle

Fecha: 20/08/11
Autor: Marcelo Mendoza
Fotografía: Sebastián Utreras
Producción: Daniel Pacheco

Es uno de los filósofos más importantes del país y ha construido un pensamiento donde el protagonista es el ciudadano de a pie que transita por la urbe. Hoy, cuando las protestas por la educación se toman las calles, Humberto Giannini aboga por un cambio radical. “Esta democracia no es verdadera”, sentencia.

“Los filósofos son los que hacen las preguntas”, advierte de entrada, con esa sonrisa llana que lo caracteriza, sentado en el pequeño living de su casa, enfatizando que sus respuestas están cargadas de dudas. Y con esa misma humildad intelectual, ante las actuales protestas ciudadanas por el estado de la educación, se pregunta con cierta perplejidad ¿qué es la educación? o ¿qué significa la calle para ser ciudadano?

–Me gustaría hacer un curso que se llame “¿Qué es la universidad?” –dice–. Hoy, la universidad es el campo propicio para la desigualdad y antes era todo lo contrario –observa con conocimiento de causa este profesor emérito de la Universidad de Chile. “Me premiaron jubilándome”, agrega con ironía, “porque ya no puedo seguir haciendo clases”. Lo que no es del todo cierto porque acaba de iniciar un curso de Ética en la Universidad Alberto Hurtado.

A sus impecables 84 años, Humberto Giannini es un fiel representante de la meritocracia que es producto, precisamente, de haber pasado por la educación pública. Premio Nacional de Humanidades, es hijo de la clase media, del liceo, de la universidad gratuita y de la provincia de Valparaíso, –pero más precisamente de la República Independiente de Playa Ancha–. Vive en una casa de Ñuñoa que también es de tamaño mediano, construida, cómo no, en la medianía del siglo XX. Es uno de los filósofos más relevantes del país y la sala de clases ha sido su hábitat de toda la vida: desde allí, y con varios libros fundamentales para tres generaciones, habla de la “filosofía de la cotidianidad”. El foco de su interés es el ciudadano de a pie que se desplaza por las calles.

Tal vez su gusto por la travesía se deba a que, al repetir en quinto año de Humanidades, su padre lo sacó del liceo y él se rebeló convirtiéndose en marino mercante: estuvo un año y medio viajando por alta mar, y jamás volvió a su casa familiar. La irrupción en las avenidas de la gente –fenómeno que reventó con las masivas manifestaciones en contra del proyecto HidroAysén, y que hoy persiste en forma de paros y multitudinarias marchas para pedir una educación pública– hacen que piense en la recuperación de una ciudadanía que ha estado devorada por la dictadura del consumo. Observa con asombro cómo esos consumidores aparentemente pasivos, en realidad estábamos cansados de ser reducidos a esa limitada condición.

Justa indignación

Para convocar a las recientes manifestaciones callejeras se usaron las redes sociales. ¿Está de acuerdo en que internet ha hecho prescindir de la política representativa, permitiendo que los ciudadanos se convoquen horizontalmente?

Yo, de manera egoísta, evito las convocatorias virtuales, pero veo que ahora ha sido muy eficiente. Porque es una forma de encontrarse en la calle. Si hay un tipo de revolución será en la calle. Es ahí donde pasan las cosas, en lo público, no en lo privado. Si la tecnología sirve para llegar a la calle, se está usando bien. Entonces, me desdigo de mi actitud retrógrada, de no acercarme a estos medios virtuales, porque me doy cuenta que son maneras de reencuentro. Internet era una soledad que, ahora, de repente, se utiliza para lo contrario: para encontrarse, porque es una necesidad vital.

¿Las movilizaciones han mostrado que la política, hoy, no está en el Parlamento ni en el gobierno, sino en la calle?

Yo pienso eso. Surge la política sin representantes: la política directa, no representativa, porque en esa representación aparece un intermediario y con ello puede ocurrir que el producto sea falsificado. Es asumir la presentación de las cosas, no la re-presentación. Es una flojera del ciudadano sentirse como tal solo al dar su voto.

¿Y cómo interpreta estos nuevos movimientos sociales en Chile, después de 21 años de recuperada la democracia?

Tengo sentimientos encontrados. Por una parte, lo considero totalmente justo, ajustado a la sensación que hay de orfandad y aprovechamiento. Pero me acuerdo de lo que pasó a partir de los años 30 en Europa: cómo los partidos políticos no interpretaban en nada lo que sucedía y empezaron a surgir movimientos no dirigidos que llevaron a Europa a la catástrofe. Lo que ocurre ahora es distinto, pero supongo que los movimientos deben tener un cauce, organizarse con ideas que maduren y lleven a algo. Creo que la demanda por una universidad gratuita debe prosperar y encarnarse en ley.

¿Cuál es el argumento que sustenta la demanda?

En América se nace pobre por una razón histórica determinada y no se tiene derecho a cambiar. Si se dice que la libertad es un derecho, también es de nacimiento. Pero, además, la situación actual contribuye al individualismo: los estudiantes se endeudan en 50 millones de pesos y cuando se titulan y comienzan a trabajar solo piensan para sí: en pagar lo que deben y en generar recursos para sí, porque entienden que ese costo debe retribuírseles. Es muy perverso porque se obliga a no preocuparse de los otros, de la comunidad. No se puede privilegiar lo privado por sobre lo público: por eso el individualismo es la esencia de la nueva sociedad chilena.

Servet Martínez, Premio Nacional de Ciencias Exactas, dice que los ricos también tienen que estudiar gratis porque el Estado debe subsidiarlos para que estén en la misma sala con los pobres.

Es un muy buen argumento. Y yo también pienso que sí. No debe haber privilegios, ni a favor ni en contra.

Más allá del tema educacional, ¿cómo explica que la oposición a HidroAysén haya convocado tanto a la gente con manifestaciones que no han parado?

En Chile hemos ido perdiendo muchas cosas, y parece que lo último que se acepta perder son los elementos comunes esenciales, como la tierra, el agua, el aire… ¡Hace pocos meses se vendieron totalmente las sanitarias! Es una reacción de dolor por la pérdida de lo más inmediato del ser humano, como es la tierra y el agua. Y también una indignación al decir: esto ya es suficiente. No hay que confundir violencia con ira. Cuando la gente sale a la calle y a veces hace pedazos su propia ciudad no es pura violencia: es la ira por la marginación y por el arrebato diario; por los derechos que ha perdido. Es una rabia por injusticias acumuladas. La gente está atrapada. Esta es una democracia hipócrita. Y el silencio se empieza a romper. Yo quiero que se rompa la hipócrita democracia de los acuerdos.

Como filósofo de lo cotidiano, usted reivindica la calle, los trayectos, las conversaciones, los cafés y los bares. La cotidianidad está marcada por lo utilitario, por la transacción, y la plaza mutó por el mall. ¿Qué pasa con el espacio público hoy?

Al estar al servicio de los dictámenes de la oferta y la demanda, en el espacio público domina el comercio y en la ciudad solo se nos considera como consumidores. Pero consumir no es goce. Uno se pregunta ¿cuál es el goce de la ciudadanía hoy? Antes, era el encuentro, la amistad, el compromiso, todo eso era ciudadanía. Jovellanos decía en 1830, en una España muy eclesiástica: “La religión es algo íntimo, pero el liceo debe preparar para la buena ciudadanía”, no para trabajar bien o ser buenos empresarios. Si no hay calle no hay espacio público. En la calle todos somos iguales, sometidos a peligros, a encantos y a invitaciones. La calle es la travesía que tiene que hacer el individuo para ser un ciudadano. Las movilizaciones han servido para tomarse la calle: se ha rescatado la ciudadanía. Lo público es la salida de sí mismo.

También la manifestación callejera es fuente de jolgorio y desborde. ¿Qué pasa con la libido, con el deseo de los ciudadanos en la ciudad?

La casa de remolienda era un lugar escondido para ir a conversar, porque no solo era un lugar para ir a tener sexo. También era un lugar para desahogarse, expresarse. No se nos da. Una casa de remolienda era un buen lugar para eso. Porque somos un pueblo de difícil expresión. Tenemos un lenguaje muy reprimido. Chile es un país metafórico. Estamos llenos de palabras que disimulan otras. La señora dice que su marido “se las machuca”. Y uno pregunta: ¿qué se machuca, señora?.

Falsa democracia

Nunca hubo más Estados democráticos como ahora, y una economía globalizada sin alternativas. ¿El malestar ciudadano, en Chile y el mundo, da cuenta del fracaso de la democracia representativa?

Algo está pasando en esta apariencia de que todos somos libres. Está faltando mucho sentido. No sé cuántos millones de personas viven en la miseria, no sé cuántos millones se destinan al campo bélico, cuánto se queda en la banca… La economía de mercado nos prometía libertad, pero vemos lo que ocurre y es muy distinto: se burla a la gente en su dignidad. Los casos de La Polar y de la colusión de las farmacias son síntomas de esa burla. La gente está atrapada, y eso es lo contrario de la libertad.

Todos los que acceden al poder hablan de cambio. Sin embargo, no cambian nada significativo. Es El Gatopardo, de Lampedusa: cambiemos todo para no cambiar nada.

Una sociedad conforme con ella misma admite el cambio dentro de la estabilidad. Y la derecha es la que ha tenido más fuerte la idea de la permanencia, porque está ligada a muchos intereses. Eso le impide llevar a la práctica los cambios que propone, porque van contra sus propios intereses. Efectivamente, la derecha chilena triunfó ahora con un lema de la UDI: la idea de cambio. Y habló de cambio para referirse a la izquierda, que había prometido cambios espectaculares y no los hizo. Cuando se le exige un cambio, Piñera dice: sí, un cambio porque “la educación es un bien de consumo”. Con eso liquida toda honradez a sus palabras.

El cambio tiene que ver con la noción de progreso que se instala en la modernidad. ¿Es el cambio un valor en sí mismo?
¿Progreso hacia dónde? A América le hizo mal la ideología del progreso. Por ello nos olvidamos de los pueblos originarios, de lo que significa identidad y permanencia. ¿Progreso hacia un mercado libre?

Mal para mí. Yo quisiera un real cambio de régimen, un cambio radical de las relaciones humanas, de las relaciones de poder, para llevar a cabo, finalmente, una democracia verdadera. Esta no es una democracia verdadera.·

Fecha: 01/09/11
Autor: Diego Zúñiga
Artículo: La vuelta de Moulian

No cree en la posibilidad de una educación universitaria gratuita, pero está maravillado con las preguntas sociales que ha planteado el movimiento estudiantil. Acá, el sociólogo critica a la Concertación y explica por qué el gobierno puede resultar siendo el gran ganador de este conflicto.

Hay un país que se mueve y hay un hombre, en ese país que se llama Chile, que siempre está atento a esos movimientos, que los escudriña, que intenta hacer una lectura distinta de lo que sucede. Una lectura que muchas veces resulta incómoda. Pero hasta ahora, ese hombre, que se llama Tomás Moulian, sorpresivamente se había mantenido en silencio frente a las multitudinarias movilizaciones que hoy remecen el panorama nacional.

Sin embargo hoy, este sociólogo ligado al mundo de la izquierda ha decidido hablar. Y habla, sobre todo, de las paradojas de la política actual: un país con altos índices de crecimiento, pero que tiene a miles de personas protestando por demandas sociales; un gobierno de derecha que si logra negociar bien con los estudiantes, podría pasar a la historia como la administración que impulsó las reformas sociales que no logró hacer la Concertación. Polémico, como de costumbre, asegura que el de Piñera no es un gobierno de “unos tontos derechistas”, sino que una dirección astuta, que sabe que es necesario dialogar.

Y, como pocas veces, hoy Moulian habla con optimismo: “Estos movimientos me parecen espectaculares por sus demandas, pero también por sus formas de acción. Esta capacidad de movilizar creo que le ha hecho muy bien a la sociedad chilena, por cuanto ha obligado a que mucha gente se haga preguntas, algo que necesitamos”.

- ¿A qué preguntas se refiere?

- La gran difusión que ha tenido el movimiento estudiantil ha planteado temas que tienen que ver con la educación, pero también con algo más global sobre el carácter de la democracia que se vive. En el movimiento estudiantil está latente una crítica global a la sociedad neoliberal, en lo económico y social, del Chile actual. Estamos en un momento excepcional que supera el inmovilismo del pasado y que tiene como protagonistas a los estudiantes, igual como ocurría antes.

- ¿Cuáles son, a su juicio, los factores de la inmovilidad que primaron hasta ahora?

- Chile salió de una dictadura militar que duró 16 años y eso marca la transición; marca el periodo que va desde 1989 hasta el primero de los gobiernos socialistas, que podría ser el paso del autoritarismo a la democracia. Durante ese periodo -sobre todo en la administración de Aylwin-  el inmovilismo se manejó desde arriba. Recordemos que se cerraron las revistas donde se debatía, como Apsi y Análisis, y todo eso por una decisión tomada por la cúpula del gobierno.

- ¿Quizás primó la opción de impedir que el ambiente se alterara, de manera de asegurar la transición?

- Sí, no querían movilizaciones, de hecho se les temía. De ahí a la necesidad de una transición manejada por el poder, donde la base asintiera y no presionara. Eso marcó los primeros gobiernos de la Concertación y marcó la época. Además, recordemos que el gobierno de Ricardo Lagos tenía como uno de sus objetivos principales el demostrar que la izquierda podría gobernar sin generar caos. Bueno, eso es gobernar tratando de evitar movilizaciones, tratando de manejar la situación con sumo cuidado, tratando de que las masas no se desbordaran, como si el desborde de las masas generara siempre crisis.  Y eso es falso, a veces genera despertares, que es lo que ocurre con este movimiento estudiantil.

Un gobierno astuto

- ¿Cómo ha visto el desempeño del gobierno de Piñera hasta ahora?

- Creo que los partidos que  acompañan a Piñera -sobre todo la UDI-  han impedido que se pueda generar la sensación de que gobierna una “nueva derecha”. Tenemos un gobierno que ha gobernado poco, que se ha debatido entre el terremoto, los mineros y ahora los movimientos estudiantiles, pero que ha tenido pocas condiciones para ser el que ponga los temas. Si el gobierno es capaz de negociar bien con el movimiento estudiantil, puede recuperarse de esa situación, pero eso significa que tiene que estar dispuesto a que los estudiantes también ganen.

- ¿Entonces, usted ve una salida para este conflicto?

- Quisiera que los estudiantes fuesen capaces de negociar con éxito algunos aspectos importantes que tengan que ver con la municipalización y con el lucro, entendiendo lucro como toda aquella ganancia que no es reinvertida en la sociedad educacional. Si los estudiantes son capaces de imponer esos puntos, vamos a tener cambios significativos en la educación y vamos a tener un movimiento que es capaz de mantenerse en el tiempo.

- ¿Pero al parecer no va a ser fácil negociar con el gobierno justamente estos puntos?

- El de Piñera es un gobierno astuto. No es un gobierno de unos tontos derechistas. Es un gobierno donde el presidente tiene más significación que los partidos políticos que lo acompañan. Creo que él se da cuenta de que está forzado a sentarse a discutir con los estudiantes. Además, este gobierno es paradójico: acaban de hacer esta modificación a la ley para eliminar el descuento del 7% a los pensionados, y por lo tanto tenemos un gobierno que trata de realizar algunas medidas de carácter populista. Por eso, creo que en esta negociación van a estar dispuestos a conceder las demandas a los estudiantes.

- Si ocurre eso, el gobierno podría ganar puntos frente a la ciudadanía, ¿o no?

- Si el gobierno logra negociar bien con los estudiantes vamos a tener dos actores que van a ganar: el movimiento estudiantil y el gobierno. La Concertación tendrá que ver qué hace frente a eso: para ellos sería un panorama complicado.

¿Cuál podría ser la salida para la Concertación en este escenario?

- Veo incapacidad de las dirigencias partidarias de la Concertación para ponerse de acuerdo en un proyecto de futuro, de mostrárselo a la sociedad y decirles: “Discutamos estos temas, busquemos reformar el sistema neoliberal”. No lo han hecho, pues están todavía en proceso de reorganización. En medio de este panorama, aparece la Democracia Cristiana con indicios de posible derechización bajo el mando de Walker. Eso puede presionar para que una reestructuración de la Concertación termine por ser menos de centroizquierda de lo que fue antes.

- ¿Y eso sería contraproducente para los intereses de ese sector?

- Si se quieren recuperar, deben hacerlo en torno a un programa socialdemócrata muy definido, que trate de superar en sus propuestas lo que hicieron cuando fueron gobierno. Es el único modo en que la Concertación puede lograr cierto peso dentro del escenario político que viene. Creo que ese escenario es una oportunidad para lanzar programas de reforma, y si la Concertación no hace eso, no va a tener ninguna significación.

- ¿Piensa que en este escenario el Partido Comunista podría tomar fuerza?

- No sé.  Ahora parece que el PC está interesado en formar un bloque con la Concertación para el futuro, cuestión que en las circunstancias actuales puede decirse que sería un error: hoy los comunistas deberían estar pensando en lo que les indican los movimientos sociales. Ellos han tenido líderes capaces de estar a la cabeza de estos movimientos y hacia esa dirección deberían caminar, con un programa de reformas no de carácter socialista -no es el socialismo lo que está a la orden del día-, sino con reformas socialdemócratas al modelo neoliberal.

La Hora de las Reformas

- El surgimiento de este gran movimiento social coincide paradójicamente con que Chile se encuentra en buen pie, económicamente hablando. ¿Cómo explica usted este fenómeno?

- Así son las paradojas de la política. Mira, hoy la situación económica es buena, la situación del empleo es buena -un poquito mejor que en los últimos gobiernos de la Concertación- y, sin embargo, el movimiento estudiantil marcha. Quizás lo único que se puede decir aquí es que las movilizaciones seguramente aparecieron por ciertos liderazgos importantes. Y no sólo pienso en el liderazgo de Camila Vallejo, sino de otros que también están vinculados a la Confech. Conocemos mucho de ella y menos de los otros, pero son ellos los que toman las decisiones. Ahí hay liderazgos importantes.

- Liderazgos que, además de hacer demandas por una mejor educación, plantean el desgaste del sistema neoliberal. ¿Qué piensa al respecto?

- No veo un colapso del sistema, pero sí veo una crisis que plantea preguntas, y hay que ver qué ocurrirá en adelante. No es posible saber qué es lo que viene, pero hay indicios, y éstos son los nuevos liderazgos, los movimientos. Pero sobre todo hay que ver cómo los estudiantes son capaces de negociar y continuar después haciendo cosas. Que no pase como con los pingüinos, que después de un tiempo desaparecieron. Acá veo que hay más capacidad de movilización y creo que eso tiene que ver con que sea un gobierno de derecha el que está en el poder.

- ¿De qué manera influye ese tema?

- Permite que la Concertación -o aquello que queda de ella- se sume  y da la sensación de más fuerza. Si hubiera estado la Concertación gobernando, hubieran tratado de frenar el movimiento,  tal como ocurrió con los pingüinos, pues son más próximos a sus líderes.  Ahora, acá no se da que el PC o la izquierda de la Concertación sean los que manejen el conflicto desde las sombras.

- A propósito de las reformas que se discutirán en el encuentro entre los estudiantes y el gobierno este sábado: ¿Cree que es posible la idea de una educación gratuita en Chile?

- No veo la posibilidad de una educación universitaria gratuita, pero sí de una educación universitaria donde cada uno pague según sus ingresos, cuestión que introduce la reforma de los años 67 y 70. Creo que esa consigna es más realista que la educación superior gratuita para todos. También la encuentro más justa: por cuanto los ricos tienen que pagar la educación universitaria y los pobres no.

- ¿Y el tema de la desmunicipalización?

- Ese paso es necesario. Desgraciadamente la municipalización fracasó. Digo por desgracia, porque en ese proceso había algo interesante: la idea de que se pudiera dirigir desde la base a los colegios.  Pero la experiencia demostró que esto sólo funciona en pocos municipios, ya que, pese a las compensaciones que hay para los más pobres, la municipalización no ha significado una descentralización positiva de la educación. Ahora, hay que tener cuidado con la estatización absoluta, en el sentido de que ese tema caiga en las manos de unos cuantos burócratas del Ministerio de Educación. Para evitar eso tendría que haber una superintendencia de educación, donde estuvieran representados diferentes grupos sociales.

- Algunos sectores han planteado la necesidad de una reforma tributaria para superar las inequidades en Educación y otras áreas. ¿En qué dirección deberían ir estas medidas?

- Estoy de acuerdo, pero siempre y cuando vayan en una dirección progresista, es decir, que aumente el impuesto a las ganancias de  las empresas y que acreciente los impuestos de la renta a aquellas personas que ganan más. En ese sentido, una reforma tributaria es decisiva, no tanto para financiar las reformas en áreas como la educación -porque el Estado tiene formas para financiar sin necesidad de ésta-, sino porque una reforma tributaria es un gesto político destinado a decir: el que más tiene, más paga. Y claro, ésta podría ser otra de las paradojas de la política: que fuera la derecha la que hiciera esa reforma.

About these ads

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 29 seguidores

%d personas les gusta esto: