Educación: mirando los números

Fecha: 10/07/11
Fuente: Negocios
Autor: Gonzalo Sanhueza

Sobre la educación superior pongámonos de acuerdo en algunas cosas. En primer lugar, convengamos que la educación superior dejó de ser una instancia a la cual accede la elite. En Chile, el 45% de las personas en edad de formarse en la educación superior lo está haciendo. Esta tendencia a la masificación de la educación superior se constata desde hace años en los países desarrollados como Suecia, Francia y España, con tasas de participación de 70%, 55% y 70%, respectivamente. Del mismo modo, países recientemente industrializados, como Corea del Sur y Hong Kong, han alcanzado coberturas del orden de 60% a 70%. De esta forma, no se puede recurrir a un sistema único de financiamiento público, ya que no permitiría a un gran número de personas acceder a la educación superior.

Por esa razón, muchos países comenzaron a cobrar por la educación superior, incluso en los que tradicionalmente fue gratis o casi gratis, como China en 1997, Inglaterra en 1998 o Austria en 2001.

Esto necesariamente conlleva a la presencia de distintas modalidades de instituciones de educación superior: estatales y privadas. La experiencia mundial muestra que las estatales tienden a absorber a los mejores alumnos, ya que corresponden a las universidades de mayor trayectoria y tradición en los países, quedando las universidades privadas disponibles para absorber la creciente demanda por educación superior, tanto universitaria como técnica. A modo de ejemplo, en países como Japón y Corea, del orden del 70% de los alumnos en educación superior está en instituciones privadas; en el caso de Chile esta cifra supera el 50%. Las instituciones privadas se han expandido a lugares tan diversos como India, Brasil y países de la ex Unión Soviética. En suma, necesitamos distintos tipos de instituciones públicas y privadas si queremos seguir fortaleciendo el nivel de educación de nuestros jóvenes.

En segundo lugar, veamos la cuestión del lucro en las universidades privadas. Si nos restringimos a las sin fines de lucro, nos estaremos limitando a aquellas organizadas por fundaciones donde probablemente predominarían aquellas de origen religioso. En cambio, si se permite el lucro, se atraerá inversión privada al sector, aumentando y diversificando la oferta, lo que llevará a un aumento de la competencia y la calidad. La experiencia internacional indica que existe un conjunto de países exitosos en educación superior que permiten universidades con fines de lucro, como son Australia, Corea, Singapur, Brasil, China, India, México, Polonia.

En tercer lugar, como en toda área compleja del quehacer nacional, el Estado tendrá que regular y fiscalizar, velando por la calidad de la educación proporcionada y de sus egresados. Tendrá que proporcionar información relevante y de fácil comprensión para el público respecto de la calidad y el costo de las diversas instituciones de educación superior y sus carreras. Esto implica otorgar datos como número de profesores full time con estudios de doctorados y publicaciones relevantes, así como la tasa de colocación de los alumnos egresados y los ingresos medios de estos el primer año, entre otros. El Estado tendrá que buscar mecanismos para garantizar la información adecuada al público respecto de las instituciones disponibles en el mercado. Para esa labor hace sentido la creación de una Superintendencia de Educación Superior.

En cuarto lugar, respecto del financiamiento de los alumnos, las mejores prácticas indican que debiera ser un crédito por el monto total de la matrícula cuyo pago sea contingente a los ingresos que efectivamente reciban los egresados. Por ejemplo, que el pago sea un porcentaje que no supere el 15% de su ingreso, sobre cierto nivel mínimo, y por un monto máximo de años. La tasa de interés de estos créditos debiera ser positiva, pero baja, en torno al 3% real. Estos créditos debieran estar ampliamente disponibles ya que es la clase media la que no tiene acceso a becas.

Respecto del nivel de gasto de la educación superior, el nivel de gasto del país no es bajo en comparación con otros países. De hecho, Chile destina cerca del 2% del PIB a financiarla, de los cuales un tercio aporta el Estado y dos tercios los aporta el sector privado. Esta cifra se compara favorablemente con Australia, que destina 1,6% del PIB a la educación superior; Francia 1,4%; Finlandia, 1,6%, e incluso Corea y EEUU, que destinan 2,5 % y 3%.

Por último, todos los estudios económicos indican que tener una población educada mejora la distribución del ingreso y la cohesión social. Tener una oferta diversificada con educación superior pública y privada, y con y sin fines de lucro, facilitará el logro de esta meta de forma más rápida y expedita que si ponemos barreras a algunos tipos de instituciones. No perdamos la oportunidad de alcanzar esta meta.

El Autor es socio Econsult RS Capital.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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