Es la integración Europea una realidad?

En toda Europa se pueden comprar los mismos azulejos, los mismos quesos, los mismos zapatos y los mismos vehículos. Pero en la práctica, son tales las trabas impuestas a la libre circulación de bienes, que el “mercado común” a veces lo es tan sólo en teoría.

Fuente: Andrzej Lubowski
Fecha: Agosto 2010

Actualmente, el único gran proyecto que ha llegado relativamente a su madurez es el mercado de las materias primas. Pero la supresión de las trabas en el comercio no significa que todo suceda sin contratiempos: si bien cada día se lanzan al mercado nuevos productos para adecuarse al ritmo de la innovación y la evolución de las tendencias, también aparecen sin cesar nuevas barreras en forma de autorizaciones o de normativas técnicas o administrativas nacionales, que complican la vida a los fabricantes y privan al consumidor de una elección más amplia.

Para poder aprovechar plenamente el potencial del mercado único, se necesitaría una mayor eficacia en la estandarización, la logística, los transportes y la protección de los derechos de propiedad intelectual. Por poner un ejemplo, cada Estado miembro utiliza un sistema de señalización distinto en su red ferroviaria, lo que dificulta el uso del mismo material rodante en todos los países. Tampoco son iguales los títulos de transporte ni los derechos de patente.

Solamente el 2,3% de los europeos viven en otro país

La movilidad de los trabajadores sigue siendo una ilusión. Aunque cada año 350.000 europeos contraen matrimonio con un ciudadano de otro Estado Miembro, 180.000 estudiantes residen en otro país gracias al programa Erasmus y muchos de ellos se quedan en dichos países para buscar trabajo, siguen encontrándose en su camino un gran número de obstáculos. El mercado único se complica no sólo por las evidentes barreras culturales y lingüísticas y las dificultades relacionadas con la vivienda y la creación de una familia, sino también por toda una serie de escollos jurídicos. Europa sigue siendo una región con una movilidad profesional muy baja. Sólo un 2,3% de los europeos viven en un país distinto a su país de origen. Para que las cosas cambiaran realmente, sería necesario coordinar los sistemas de protección social y los derechos de los trabajadores, poder transferir los derechos de la jubilación y reconocer completamente las cualificaciones profesionales.

El seguro sanitario, poder cobrar la deuda de un socio comercial en otro Estado miembro, o la pesadilla burocrática y el enredo jurídico que hay que desenredar para poder utilizar un vehículo en otro país de la UE son tan sólo los ejemplos más sencillos de los desacuerdos y deficiencias del sistema. La empresa europea típica es de pequeño tamaño: nueve de cada diez empresas cuentan con menos de diez empleados. En la UE existen veinte millones de empresas de este tipo y constituyen la columna vertebral de la economía europea. Para ellas, un mercado realmente único sería una importante fuente de desarrollo potencial, pero actualmente la UE no es un lugar propicio para las pequeñas y medianas empresas. Sólo un 8% desarrolla una actividad comercial en el ámbito internacional y únicamente un 5% dispone de sucursales en el extranjero.

Los partidarios de la integración nadan a contracorriente

La revolución tecnológica ha creado sectores que no existían cuando nació la idea del mercado único, como el comercio electrónico o la industria ecológica. Pero también en este ámbito la UE carece de normativas sensatas. Europa cuenta con una moneda única, pero los pagos por Internet y el mercado de la facturación electrónica siguen divididos por las fronteras nacionales. El mercado único jamás será un éxito si los millones de ciudadanos de Europa no reconocen las ventajas que ofrece. Y se sienten frustrados porque dan por sentado estas ventajas y se centran en las carencias. El resultado es que Europa es hoy y seguirá siendo en el futuro próximo menos propensa a la integración que en sus primeros años.

La crisis financiera ha hecho que se pierda la fe en la capacidad de autocorrección del mercado. Muchas personas lo consideran actualmente inmoral, ineficaz y generador de desigualdades inadmisibles. El “mercado único” debe responder mejor a los temores y objeciones que han surgido con la crisis. Los campeones de la integración deben mostrarse más convincentes. Pero actualmente están nadando a contracorriente: los ciudadanos tienen la impresión de que las reformas económicas adoptadas por sus gobiernos son consecuencia de la construcción del mercado único. Sin embargo, ante el ascenso de las potencias emergentes, una mayor integración sería la mejor forma de reaccionar a la globalización y de defender los intereses económicos de Europa, al menos mucho más que centrarse en los instrumentos nacionales.

Dadas las grandes diferencias existentes entre las estrategias de los Estados miembros y el poder que ejercen los lobbies euroescépticos, será necesario establecer compromisos. En opinión del ex comisario europeo Mario Monti, que ha presentado al presidente de la Comisión José Manuel Barroso un informe titulado Una nueva estrategia para el mercado único, los nuevos Estados miembros podrían desempeñar una función vital en la búsqueda de estos compromisos y en su aplicación. Sin duda tienen más que ganar si la integración sigue progresando poco a poco y más que perder si se ralentiza o retrocede.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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